"Los cuentos son una medicina. Tienen un poder extraordinario; no exigen que hagamos, seamos o pongamos en práctica algo: basta con que escuchemos. Los cuentos contienen los remedios para reparar o recuperar cualquier pulsión perdida". Clarissa Pinkola Estés.

viernes, 9 de octubre de 2020

Nasrudín y los chiles picantes

 El célebre Mulla Nasrudín visitó en una ocasión la India.

Llegó a Calcuta y comenzó a pasear por una de sus abigarradas calles. De repente vio a un hombre que estaba en cuclillas vendiendo lo que Nasrudín creyó que eran dulces, aunque en realidad se trataba de chiles picantes. Nasrudín era muy goloso y compró una gran cantidad de los supuestos dulces, dispuesto a darse un gran atracón.

Estaba muy contento, se sentó en un parque y comenzó a comer chiles a dos carrillos. Nada más morder el primero de los chiles sintió fuego en el paladar. Eran tan picantes aquellos “dulces” que se le puso roja la punta de la nariz y comenzó a soltar lágrimas hasta los pies. No obstante, Nasrudín continuaba llevándose sin parar los chiles a la boca. Estornudaba, lloraba, hacía muecas de malestar, pero seguía devorando los chiles.

Asombrado, un paseante se aproximó a él y le dijo:
– Amigo, ¿no sabe que los chiles sólo se comen en pequeñas cantidades?

Casi sin poder hablar, Nasrudín comento:
– Buen hombre, créeme, yo pensaba que estaba comprando dulces.

Pero Nasrudín seguía comiendo chiles. El paseante dijo:
– Bueno, está bien, pero ahora ya sabes que no son dulces.
– ¿Por qué sigues comiéndolos?

Entre toses y sollozos, Nasrudín dijo:
– Ya que he invertido en ellos mi dinero, no los voy a tirar.

El pícaro de los indios Winnebago



Wakdjunkaga, era el nombre del pícaro de la tribu Winnebago. Era carismático y solía salirse siempre con la suya en cada aventura. No conocía el sentimiento de vergüenza y podía relacionarse con quién le plazca. En una ocasión llegó a convencer a unos patos que cantaría para ellos si bailaban con los ojos cerrados. Mientras los patos bailaban él los estrangulaba de a uno en uno para posteriormente comerlos.

Su apetito sexual era desmedido. Poseía un pene tan grande tan grande que para trasladarlo tenía que cargarlo sobre su espalda. Wakdjunkaga no tenía control sobre él. Su Miembro viril se comportaba como una entidad aparte y en no pocas ocasiones lo metía en problemas. Muy frecuentes eran los episodios en que mientras el pícaro circulaba entre las tribus su pene se le adelantaba, llegaba antes que él y copulaba con las mujeres del pueblo dejando a una o dos embarazadas. Siempre una de las hijas del jefe estaba involucrada en el asunto.

Si bien las reglas sociales no lo limitaban, cuando no podía salirse con la suya le tomaba muchísimo trabajo hacerse cargo de las cuestiones que producía.

En una ocasión debió enfrentarse a un hurón, que royó su pene hasta dejarlo en un tamaño normal. Desde entonces Wakdjunkaga dejó de ser dominado por sus impulsos y pudo usar picardía y carisma de un modo más beneficioso y armónico.


jueves, 8 de octubre de 2020

Diálogo

Una Dia un monje llegó a un monasterio en busca de alojamiento. Según la tradición lo normal era entablar con el recién llegado un debate sobre distintos aspectos de la enseñanza budista en el que se ponía a prueba tanto al huésped como a los monjes del cenobio. Pero aquel día todos estaban muy cansados, así que el abad decidió que el debate corriera a cargo de un monje que, además de tuerto, teníapocas luces. El abad decidió aconsejarlo: - Como no tienes mucho conocimiento ni facilidad de palabra, procura que el debate se haga en silencio, y además intenta que sea lo más corto posible. A la mañana siguiente, el abad se encontró con el visitante, que ya partía. - ¿Qué tal fue el debate? – preguntó. - Puedes sentirte satisfecho de tus monjes; él dijo ser el más torpe de todos, pero confieso que me derrotó claramente por su elevada comprensión del budismo. - Cuéntame cómo fue el diálogo – rogó el abad. - Para empezar, yo levanté un dedo, queriendo expresar al Buda. Él contestó levantando dos dedos, haciéndome ver que una cosa era el Buda y otra sus enseñanzas. Yo entonces levanté tres dedos, indicando al Buda, su enseñanza y sus monjes. Pero a continuación él lanzó un puño contra mi cara haciéndome entender que todo parte de una comprensión única y definitiva. No supe qué contestar, así que, derrotado, me marcho de tu monasterio. Instantes después apareció el monje tuerto, y el abad le pidió el relato de lo ocurrido en el debate. - Ese hombre era un maleducado, empezó levantando un dedo recordándome que yo tenía solo un ojo; yo fui benevolente y levanté los dos dedos en señal de que él afortunadamente tenía los dos ojos, pero insistió en el insulto al levantar los tres dedos mostrando que entré él y yo teníamos tres ojos, así que le di un puñetazo. Entonces se levantó y se dio la vuelta sin decir nada.

viernes, 2 de octubre de 2020

Los tres ciegos y el elefante

Adaptación de una antigua fábula de la India

Había una vez tres ancianos que se conocían desde la infancia y disfrutaban pasando buenos ratos juntos. Tenían en común que eran hombres cultos e inteligentes, pero también que los tres eran ciegos de nacimiento.  Afortunadamente, a pesar de no poder ver, en su día a día se desenvolvían muy bien, pues todavía estaban en buena forma física, sus mentes funcionaban a pleno rendimiento, podían oler, tocar, escuchar, saborear…

Un precioso día de verano se reunieron en su lugar favorito junto al río, se sentaron sobre la hierba, y empezaron a conversar sobre temas científicos. En medio del interesantísimo coloquio se sobresaltaron al escuchar el sonido de varias pisadas.

El anciano que tenía la barba blanca se giró, y algo inquieto preguntó en voz alta:

– ¡¿Quién anda ahí?!

Por suerte no era ni un espía ni un asaltante de caminos, sino un viajero que llevaba a su lado un enorme elefante con una correa al cuello, como si de un perrillo se tratara.

– Me llamo Kiran, caballeros. Perdonen si les he asustado. Mi elefante y yo venimos a beber  agua fresca y ya nos vamos, que para nada queremos interrumpir su agradable charla.

Los tres pusieron una cara bastante rara, mezcla de sorpresa y emoción. El segundo anciano, que tenía barba negra, quiso asegurarse de lo que Kiran había dicho.

– ¿He oído bien?… Ha dicho usted… ¿elefante?… ¿Un elefante de verdad?

El desconocido reparó en los bastones tirados en la hierba y se fijó en la mirada perdida de los tres viejecitos. Fue cuando se dio cuenta de que eran invidentes.

– Sí señor, voy con mi elefante. Es un animal muy grande, pero no se preocupen, no les hará ningún daño.

El tercer anciano se atusó la barba pelirroja y le confesó:

– Hemos oído hablar de la existencia de esos animales, pero a este pueblo nunca ha venido ninguno y no sabemos cómo son. ¿Podríamos tocar el suyo para hacernos una idea del aspecto que tienen?

Kiran se mostró encantado.

– ¡Claro, faltaría más! Es un ser muy pacífico y bonachón. ¡Vengan a acariciarlo, no tengan miedo!

Los tres amigos se levantaron, dieron unos pasos  y extendieron la mano derecha. El anciano de barba blanca se topó con una de las patas delanteras y durante un rato la palpó de arriba abajo.

– ¡Ahora ya sé cómo es un elefante! Es como la columna de un templo, o mejor dicho, es como un el tronco de un árbol: cilíndrico, grande y muy rugoso.

Mientras, la mano del anciano de barba negra había ido a parar a una de las gigantescas orejas. El animal sintió unas cosquillitas y la sacudió ligeramente hacia delante y hacia atrás.

– ¡Qué dices, querido amigo, un elefante nada tiene que ver con una columna! Mi conclusión es que parece un enorme abanico por dos razones muy obvias: primero, por su forma plana, y segundo, porque al  moverse produce un airecillo de lo más agradable. ¿Es que vosotros no lo notáis?

En ese momento, el anciano de barba pelirroja rozó con la punta de los dedos algo blando que colgaba de algún lugar mucho más alto que él. Era la trompa del cuadrúpedo, pero claro, él no lo sabía.

– ¡Pero qué me estáis contando! Por lo que puedo comprobar un elefante es como una cuerda. Claramente, se trata de un espécimen alargado, flexible y blandito, como una anguila o una serpiente. Sin duda una forma extraña para un mamífero, pero en fin…  ¡Por todos es sabido que la naturaleza es sorprendente!

El dueño del elefante observaba la escena en silencio y no pudo evitar pensar:

– ‘¡Qué situación tan curiosa!… Los tres ancianos han acariciado al mismo elefante, pero al hacerlo en partes diferentes de su cuerpo, cada uno de ellos se ha hecho una idea totalmente distinta de cómo es en realidad. Para el anciano de barba blanca, un elefante es como una columna,  para el anciano de barba negra, tiene forma de abanico, y  para el anciano de barba pelirroja, es igual a una serpiente. Ciertamente, todos tienen parte de razón, pero ninguno la verdad completa.’

Tras esta reflexión  decidió que antes de que le preguntaran a él, lo mejor era irse cuanto antes.

– Señores, me están esperando en el pueblo y temo que se me haga tarde. Espero que les haya resultado interesante la experiencia de tocar un elefante. Que pasen  ustedes un buen día. ¡Adiós!

Acompañado de su voluminosa ‘mascota’ Kiran se alejó dejando a los tres amigos inmersos en una ardiente discusión sobre quién tenía la razón. Una conversación que, por cierto, duró horas y no sirvió de nada: los ancianos fueron incapaces de ponerse de acuerdo sobre la verdadera  forma que tienen los elefantes.

 

viernes, 25 de septiembre de 2020

Vaciando la plaza

Durante uno de los numerosos motines que hubo en París durante el siglo XIX, el comandante de un destacamento militar recibió órdenes para despejar una plaza de la ciudad haciendo fuego contra la canalla. 

Ordenó a sus soldados que apuntasen sus fusiles contra la multitud y cuando se hizo un silencio mortal, desnudó su espada y gritó con toda la fuerza de sus pulmones: «Mesdames, messieurs: tengo órdenes de disparar contra la canalla. Pero como veo gran número de ciudadanos honestos y respetables ante mí, les pido que se marchen, a fin de que pueda disparar tan sólo contra la canalla.» La plaza quedó completamente vacía en pocos minutos.

jueves, 24 de septiembre de 2020

La Jaula

 Loro #aves en 2020 | Dibujos de colores, Dibujos, Arte

 

Un comerciante poseía un loro lleno de cualidades. Un día decidió viajar a la India y preguntó a todos qué regalo querían que les trajese del viaje. Cuando hizo esta pregunta al loro, éste respondió: 

"En la India hay muchos loros. Ve a verlos por mí. Descríbeles mi situación, esta jaula. Diles: "Mi loro piensa en vosotros, lleno de nostalgia. Os saluda. ¿Es justo que él esté prisionero mientras que vosotros voláis en este jardín de rosas? Os pide que penséis en él cuando revoloteáis, alegres, entre las flores"." 

Al llegar a la India, el comerciante fue a un lugar en el que había loros. Pero, cuando les transmitía los saludos de su propio loro, uno de los pájaros cayó a tierra, sin vida. El comerciante quedó muy asombrado y se dijo: "Esto es muy extraño. He causado la muerte de un loro. No habría debido transmitir este mensaje." 

Después, cuando hubo terminado sus compras, volvió a su casa, con el corazón lleno de alegría. Distribuyó los regalos prometidos a sus servidores y a sus mujeres. 

El loro le pidió: "Cuéntame lo que has visto para que yo también me alegre." A estas palabras, el comerciante se puso a lamentarse y a expresar su pena. "Dime lo que ha pasado, insistió el ave. ¿Cuál es la causa de tu pesar?" El comerciante respondió: "Cuando transmití tus palabras a tus amigos, uno de ellos cayó al suelo, sin vida. Por eso estoy triste." En aquel instante, el loro del comerciante cayó inanimado, también él, en su jaula. El comerciante, lleno de tristeza, exclamó: "¡Oh, loro mío de suave lenguaje! ¡Oh, amigo mío! ¿Qué ha sucedido? Eras un ave tal que ni Salomón había conocido nunca una semejante. ¡He perdido mi tesoro!" 

 Tras un largo llanto, el comerciante abrió la jaula y lanzó al loro por la ventana. Inmediatamente, éste salió volando y fue a posarse en la rama de un árbol. El comerciante, aún más asombrado, le dijo: "¡Explícame lo que pasa!" El loro respondió: "Ese loro que viste en la India me ha explicado el medio de salir de la prisión. Con su ejemplo me ha dado un consejo. Ha querido decirme: "Estás prisionero porque hablas. Hazte, pues, el muerto" ¡Adiós, oh amo mío! Ahora me voy. También tú, un día, llegarás a tu patria." El comerciante le dijo: "¡Dios te salve! También tú me has guiado. Esta aventura me basta pues mi espíritu y mi alma han sacado partido de estos acontecimientos."

Los formales y el frío

 Mientras comían juntos y distantes y tensos

Ella muy lentamente y él como ensimismado
Hablaban con medida y doble parsimonia
De temas importantes y de algunos quebrantos
Entonces como siempre o como casi siempre
El desvelo social condujo a la cultura
Así que por la noche fueron al teatro
Sin tocarse un ojal ni siquiera una uña
Su sonrisa la de ella
Era como una oferta un anuncio un esbozo
Su mirada la de él
Iba tomando nota de cómo eran sus ojos
Y como a la salida soplaba un aire frío
Y unos dedos muy blancos indefensos y tristes
Apenas asomaban por la sandalia de ella
No hubo más remedio que entrar en un boliche
Y ya que el camarero se demoraba tanto
Llegaron cautelosos hasta la confidencia
Extra seca y sin hielo por favor y fumaron
Y entre el humo el amor era un rostro en la niebla
En sus labios los de él
El silencio era espera la noticia era el frío
En su casa la de ella
Halló un café instantáneo y confianza y cobijo
Una hora tan sólo de memoria y sondeos
Hasta que sobrevino un silencio a dos voces
Como cualquiera sabe en tales circunstancias
Es arduo decir algo que realmente no sobre
El probó sólo falta que me quede a dormir
Y ella también probó y por qué no te quedas
Y él sin mirarla no me lo digas dos veces
Y ella en voz baja bueno y por qué no te quedas
Y sus labios los de él
Se quedaron gustosos a besar sin usura
Sus pies fríos los de ella
Que eran sólo el comienzo de la noche desnuda
Fueron investigando deshojando nombrando
Proponiéndose metas preguntando a los cuerpos
Mientras la madrugada y los temas candentes
Conciliaban el sueño que no durmieron ellos
Quién hubiera previsto aquella tarde
Que el amor ese célebre informal
Se dedicara a ellos tan formales